Soy lo que se dice una persona simple, sin ninguna gran habildad en particular, mas bien una más del montón, con la capacidad de concentrarme lo suficiente para hacer las tareas comunes que requiere ésta vida. Ya ven, como se dice generalmente: de los que no pueden mascar chicle y subir escalera al mismo tiempo.
Pero les aseguro lo he intentado, aunque parezca insensato, por que siempre he creido que si bien no sería facil de realizar, tampoco imposible. Con un esfuerzo de concentración moderado, coordinando los movimientos musculares, en un entorno libre de estrés, calmo y agradable, habiendo hecho previamente algunos ejercicios respiratorios sencillos para permitir la relajación y por supuesto, con práctica, con bastante práctica, ésto de mezclar chicles y escaleras sería algo totalmente superable.
Así que comencé por tener la costumbre, repulsiva según mi abuela, de mascar chicle, obiamente sentado para poder estudiar minuciosamente el proceso en si mismo. Poco después procedí a intentar en las escalinatas de un paseo público la encomiable tarea de llegar a contradecir y en forma verificable ese famoso dicho popular que tanto me preocupaba. Y bien digo intentar por que fueron muchos, tediosos y perseverantes días los que pasaba al pie de la escalinata ensayando una y otra vez semejante experiencia.
Llámenlo paciencia, destino, dios o como quieran, a esas fuerzas inmateriales e impredecibles que suelen gobernar nuestras vidas. Al fin, un día lo conseguí, no sólo realizar a la vez esas dos actividades que parecían incompatibles (mascar chicle y subir escalera) sino también y al mismo tiempo, rascarme la comezón producida por un mosquito en mi oreja. Me sentí iluminado, en éxtasis, pleno.
Quizás fue un relámpago o quizás el flash de algún fotógrafo ocacional. Terminé muevamente al pie de la escalinata con luxación de hombro y cuatro costillas fracturadas.
Lo cierto es que ahora busco la iluminación por métodos menos traumáticos como lo es la práctica de zazen. Y a decir verdad, le hago mucho caso a mi maestro: cuando como, sólo como; cuando leo, leo; cuando defeco, defeco.
Fabián cantore, octubre 1998.