jueves 16 de agosto de 2007
Yan Cheng-Fu (1883-1936) propagó el Tai-Chi-Chuan por toda China, de norte a sur. En esta época el Tai-Chi-Chuan cambió de naturaleza, de una técnica de combate se transformó en una técnica terapéutica, extendiéndose con gran rapidez. Yan Cheng-Fu dictó estos 10 principios esenciales del Tai-Chi-Chuan a Chen Wei-Ming, quien siendo uno de sus mejores discípulos y el más erudito los puso por escrito.
1. Estar vacío, ágil y mantener la energía en lo alto de la cabeza.
Esto consiste en tener la cabeza bien recta, de manera que la energía espiritual esté unida en lo alto de la cabeza. No emplear la fuerza muscular, que pondría rígido el cuello y dificultaría la circulación de la sangre y del aliento (Chi). Que su pensamiento sea espontáneo y ágil, porque sin agilidad y sin mantener la energía en lo alto de la cabeza, la fuerza-vital no puede ser puesta en movimiento. (Fuerza-vital son dos nociones separadas y designan la esencia “Tsing”, principio líquido y Yin del cuerpo, y la energía espiritual "SHEN.")
2. Entrar ligeramente el pecho y estirar la espalda.
Entrar el pecho consiste en retenerlo ligeramente hacia el interior, para que el aliento pueda descender y concentrarse en el Tan-Tien. Sin inclinar el tronco, de lo contrario con el aliento comprimido a nivel del pecho, la parte superior del cuerpo estaría pesada, la parte inferior ligera y los pies tendrían tendencia a flotar. Estirar la espalda consiste en hacer adherir el aliento en la espalda. La entrada del pecho conlleva naturalmente un estiramiento de la espalda, lo que permite emitir la fuerza a partir del eje espinal.
3. Relajar la cintura.
La cintura es el maestro de todo el cuerpo. Los pies tienen fuerza y la pelvis asentamiento si se es capaz de aflojar la cintura. Los pasajes del "lleno" al "vacío" se efectúan a partir de los movimientos giratorios de la cintura. La falta de fuerza proviene de la cintura y de las piernas.
4. Distinguir el "lleno” y el "vacío”
En el arte del Tai-Chi-Chuan, el primer principio consiste en saber distinguir el "lleno" y el "'vacío”. Si todo el peso del cuerpo está apoyado sobre la pierna derecha, se dice que la pierna derecha está "llena" y la izquierda "vacía" y viceversa. Los movimientos giratorios del cuerpo se efectuarán con ligereza, agilidad y sin el más mínimo esfuerzo, únicamente si se sabe distinguir el “lleno" y el "vacío"; de lo contrario los desplazamientos serán torpes y pesados, al cuerpo le faltará estabilidad y podría ser fácilmente desequilibrado por el adversario.
5. Bajar los hombros y dejar caer los codos.
Bajar los hombros consiste en relajarlos Si no están relajados y caídos, están alzados lo cual motivará una subida del aliento y por consecuencia una falta de fuerza en todo el cuerpo.
Dejar caer los codos a lo largó del cuerpo consiste en relajarlos. Si están levantados, los hombros no pueden estar bajos, por lo cual no se puede rechazar muy lejos al adversario.
6. Emplear el pensamiento creativo y no la fuerza muscular.
El Tratado sobre el Tai-Chi-Chuan (atribuido a Chang San Feng) dice: "Todo reside en el empleo del pensamiento en lugar de la fuerza". Durante la práctica del Tai-Chi-Chuan, todo el cuerpo está relajado, de forma que la menor burda energía no subsista y no se estanque entre los huesos, los músculos o las venas, atándose de esta manera uno mismo. Sólo entonces pueden efectuarse los pasajes de un movimiento a otro con ligereza y facilidad y ejecutar los giros con naturalidad.
Algunos dudan de que sea posible tener una fuerza duradera sin el empleo de la fuerza muscular, pero el cuerpo humano posee canales de circulación del aliento al igual que la tierra tiene surcos. Si los surcos no están obstruidos, el agua fluye; si las venas no están bloqueadas, el aliento circula. Cuando una energía rígida llena estos canales, la sangre y el aliento se ven alterados en su circulación, los movimientos giratorios adolecen de agilidad y basta sólo tirar de un cabello para que todo el cuerpo siga. Si en lugar de la fuerza muscular se emplea el pensamiento creativo, allí donde el pensamiento llega, el aliento llega. De esta forma, la sangre y el aliento circulan continuamente en el cuerpo sin detenerse un solo instante. Gracias al entrenamiento se adquiere la verdadera energía interior.
Cuando se emplea la fuerza muscular en lugar del pensamiento creativo, el adversario puede muy fácilmente incitaros a que os mováis. Los que están familiarizados con la técnica del Tai-Chi-Chuan y la dominan, tienen los brazos parecidos al hierro envuelto en algodón. La fuerza está enterrada profundamente.
7. Enlazar lo alto y lo bajo.
Conforme a este principio enunciado en el Tratado sobre el Tai-Chi-Chuan; "La energía toma raíz en los pies, se desarrolla en las piernas, es dirigida por la cintura y se manifiesta en los dedos". Desde los pies hasta las piernas, pasando por la cintura, es necesaria una unidad perfecta. Todo movimiento de las manos va unido a un movimiento de la cintura. Cuando los pies se mueven, la energía espiritual de los ojos, la mirada, se mueve al mismo tiempo y los sigue. En este caso se puede decir que lo alto y lo bajo están unidos, pero si una sola parte del cuerpo no está armonizada con el resto, existirá desorden y desunión.
8. Unir el interior y el exterior.
El trabajo del Tai-Chi-Chuan es un trabajo de la energía espiritual, por eso se dice: "La energía espiritual es el amo, el cuerpo el criado." Si se consigue poner en movimiento la fuerza vital, los movimientos son espontáneos, ligeros y ágiles.
El encadenamiento de los movimientos sigue los principios de alternancia de "lleno" y "vacío", de apertura y de cierre. Cuando se habla de apertura, no se trata únicamente de la apertura de los pies y de las manos, sino también de la apertura del pensamiento y del espíritu. Igualmente el cierre no es solamente un cierre de los pies y las manos, sino también del pensamiento y del espíritu. "Todo es perfecto cuando el interior y el exterior pueden ser unidos en un solo aliento". Esta expresión se emplea en el chino actual para designar una unidad perfecta, en el sentido del carácter Chi (aliento). Pero en un contexto taoísta, designa a menudo "El aliento del Uno", que es también el aliento unificador o el aliento original.
9. Encadenar los movimientos sin interrupción.
En las artes de combate de la escuela exotérica, la energía empleada es la energía del "cielo posterior". Es una energía adquirida por el trabajo cotidiano y el entrenamiento. Es considerada menos refinada que la energía innata. Hay entonces salidas, paradas, encadenamientos, e interrupciones. Es en el momento preciso en el que la antigua fuerza llega a su fin y la nueva no ha nacido cuando a uno le pueden vencer más fácilmente.
En el Tai-Chi-Chuan, se utiliza el pensamiento y no la fuerza muscular, todo está enlazado sin interrupción de principio a fin. Cuando una evolución llega a su fin, otra comienza, desarrollándose el movimiento circular hacia el infinito.
En el Tratado original se ha dicho: "El boxeo lento es parecido a las olas del mar o a las de un extenso río que se mueven continuamente y sin fin". O también: "Hacer que se mueva la energía como un hilo de seda que se devana de un capullo". Todas estas comparaciones sugieren que todo está unido por un solo aliento.
10. Buscar la calma, en el seno del movimiento.
En el Tai-Chi-Chuan, se dirige el movimiento por la calma. Aunque moviéndose, el ejecutante permanece sosegado. Por este motivo es preferible ejecutar el encadenamiento de los movimientos lo más lentamente posible. Gracias a la lentitud, la respiración se vuelve larga y profunda, el aliento se concentra en el Tan-Tien y por ello el practicante no tiene el pulso alterado.
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